
El viaje de nuestros emigrantes no podría contenerse en uno solo; hubo muchos viajes, realizados en muchas circunstancias, en muchos momentos, albergando consigo muchos sueños.Tuvieron en común la clandestinidad, una constante en el transcurso de toda la emigración española. Y la procedencia: campesinos que mayoritariamente venían de tierra dentro y conocían, por primera vez, la ciudad y el mar. Y la esperanza, porque la esperanza es la gasolina de las migraciones de todos los tiempos, como lo son también la fuerza y el esfuerzo. Y la sal, sal de lágrimas, de océano, de sabores atesorados en el alma y en el paladar. Y tuvieron, sobre todo, barcos; grandes o pequeños, lentos o rápidos, barcos que fueron el principal testigo de la historia de la España peregrina, convirtiéndose en su decorado, en su auténtico motor.
Pocos rincones de nuestra geografía se quedaron al margen de este gran éxodo, pero fueron los asturianos, canarios y, sobre todo, gallegos a quienes principalmente debemos nuestra huella migratoria en América y, también, una buena porción de nuestro espíritu errante. Tanto es así que, de norte a sur de América, todavía hoy, decir `gallego´ abarca todas las formas posibles de decir `español´ como, para nosotros, Galicia representa el símbolo más poderoso de la memoria de nuestra emigración.
Hasta la invención de la máquina de vapor, los puertos estaban repletos de goletas, fragatas y buques de vela. A partir de 1860 éstos serán sustituidos por barcos de vapor, que resultan bastante más seguros, espaciosos y rápidos, llegando a reducir cinco veces el tiempo de viaje en apenas siete décadas.
La emigración fue facilitada -e igualmente facilitó- un notable desarrollo del sector naviero. En España las compañías más importantes eran la `Trasatlántica Española´ (fundada en 1881 por Antonio López y López, Marqués de Comillas, un personaje decisivo en la historia de nuestra navegación) y la `Pinillos e Izquierdo´. También tuvieron relevancia las compañías anglo-bilbaínas, abanderadas por la `Ybarra´ y la `Sota y Aznar´.
Sin embargo, eran extranjeras-italianas, alemanas, francesas, británicas y holandesas- las que transportaban la mayor parte de nuestros emigrantes a América (entre un 60 y un 70%) debido a que, por lo general, sus flotas eran más modernas, sus rutas mejores y el tiempo de espera para los embarques sustancialmente menor.
Algunas de las compañías más conocidas fueron la Hamburg-Amerika Line y Hamburg Sudamerikanische -Las Hamburguesas-, La Veloce, Lloyd Italiano, Lloyd Austro-Americana, Compagnie Generale de Navigazione Italiana, The Royal Mail Steam Packet Co (la "Mala" Real Inglesa), Cunard, Compagnie Générale Transatlantique, ...
Durante las etapas de éxodo masivo, quince eran los puertos autorizados para el embarque de emigrantes: Almería, Barcelona, Bilbao, Cádiz, Coruña, Gijón, Las Palmas, Málaga, Palma de Mallorca, Santa Cruz de la Palma, Santa Cruz de Tenerife, Santander, Valencia, Vigo y Villagarcía. No obstante, más de la mitad embarcaban en los puertos gallegos (Vigo y Coruña), siguiéndoles en importancia los de Cataluña, Andalucía, Cantabria y Canarias.
Un número considerable de personas iniciaba la travesía en puertos extranjeros, destacando los de Lisboa, Oporto, Burdeos y Gibraltar. Se trataba de una forma común de escapar de las restricciones, de la burocracia y ¡cómo no! del servicio militar. No pocos lo hacían, por su parte, en alta mar.Los emigrantes acudían a unos u otros puertos tomando en consideración la proximidad geográfica respecto al sitio de origen, el precio de los pasajes y el que las rutas permitieran llegar, de la manera más directa posible, al lugar elegido como destino. Había, no obstante, cierta especialización en los trayectos:
Todo emigrante sabía que tenía que hacer frente a una montaña de requisitos para poder salir del país. En realidad, éstos fueron variando en función de las distintas leyes pero, en líneas generales, solían ser sumamente exhaustivos y costosos en tiempo y recursos para los viajeros, amén de tener una característica común: intentaban controlar la salida de las mujeres solteras (o de las casadas que no tuvieran autorización del marido) e impedir la partida de los varones jóvenes en edades próximas a su llamada a filas.
Un ejemplo del "papeleo" necesario:
Estas dificultades motivaron, junto a las salidas por puertos extranjeros y los embarques de altura, la proliferación de una red de especialistas en el engaño, tales como falsificadores de documentos e intermediarios de todo tipo.
De poco parecía servir la abundante legislación española promulgada con el fin de proteger los intereses de nuestros emigrantes...
...dado que ésta se quedaba no pocas veces en papel mojado, sin seguimiento ni control efectivos.
"Está por hacer la historia del cumplimiento de la legislación española. Sucede con ella como si una vez promulgada una ley y tras corto período de su práctica -con mayor o menor fortuna- pasara ésta a dormitar y por tanto el problema que la originara, una vez enunciado y legislado, dejara de existir".