
El envío de remesas de dinero de los emigrantes españoles constituyó una fuente de riqueza que contribuyó, tanto a la mejora de las condiciones de vida de los familiares en España, como al proceso de industrialización y modernización. Este flujo económico se desarrolló a lo largo de un periodo que puede dividirse en tres fases, marcadas por situaciones y coyunturas económicas, sociales y políticas muy diferentes: hasta 1880, desde 1880 hasta 1930, y desde entonces hasta 1960.